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Por Eduardo Galocha, Abogado en SigneBlock

A escasos días de las elecciones generales, no son pocos los que se preguntan por qué todavía no se ha instaurado el voto electrónico. En una sociedad en la que lo digital se ha impuesto totalmente, ¿por qué los procesos de votación no se hacen eco de ese auge de la tecnología? ¿Por seguridad? Precisamente, es la digitalización, y más concretamente, la identidad digital basada en Blockchain, la respuesta para conseguir un proceso electoral transparente, fiable y con un alto grado de eficiencia. Todo ello pese a las reticencias mostradas por el Gobierno en la regulación dada a la misma por el reciente Real Decreto-ley 14/2019, de 31 de octubre.

Lo cierto es que, en la actualidad, la integridad de unas elecciones depende de los sistemas informáticos que las soportan, sin que las tecnologías actuales permitan garantizar, sin lugar a dudas, la ausencia de incidentes o ataques que puedan llegar a poner en riesgo el proceso electoral. Es por ello que se está comenzando a utilizar la tecnología blockchain en la implementación de estos sistemas de votación. Su total trazabilidad e inmutabilidad hace que sea sumamente atractivo su empleo en estos procesos.

Sin embargo, también es necesario señalar que sea cual sea la tecnología que se utilice para la emisión del voto electrónico, es necesario que la misma vaya de la mano de la válida identificación del votante y, hoy por hoy, la única manera de conseguirlo es utilizar un certificado electrónico expedido por un prestador de servicios electrónicos de confianza conformidad con lo dispuesto en el Reglamento (UE) N.º 910/2014, el denominado Reglamento eIDAS. El certificado electrónico contiene la información necesaria para identificar a su titular y que este pueda firmar electrónicamente: nombre, NIF, algoritmo y claves de firma, fecha de expiración y organismo que lo expide.

Sistema actual vs Blockchain

Para ser justos, hay que decir que nuestro actual procedimiento electoral es altamente fiable y rápido, ya que permite que en aproximadamente dos o tres horas podamos saber el resultado final, si bien con carácter provisional ya que el escrutinio definitivo de los votos se lleva a cabo unos días después por las respectivas Juntas Electorales.

No obstante, el voto electrónico basado en blockchain no sólo puede solventar dificultades de transparencia y fiabilidad, garantizando que éste sólo se emite una vez y que el escrutinio es eficiente, rápido y está exento de errores. Además, blockchain permite que el proceso sea auditable en tiempo real. La traza que deja la cadena de bloques permite saber que cada voto corresponde a un ciudadano y que no hay forma de introducir votos ficticios.

Además, el uso de esta tecnología contaría con otros beneficios como fomentar la participación, al poder votar desde una multiplicidad de dispositivos, eliminar el voto por correo de residentes ausentes e, incluso, prescindir del coste de impresión de las papeletas electorales.

Otro punto a favor es la capacidad de respetar el secreto del voto, ya que la información que se publicaría sería pseudónima. Es un proceso transparente y público, pero no se sabe quién es el dueño de tal dirección o de tal hash. La autenticación e identificación del votante está protegida por técnicas criptográficas. Por tanto, nadie salvo el ciudadano sabrá qué ha votado o desde dónde.

Todos estos aspectos repercuten en elevar la seguridad de este proceso muy por encima de los estándares actuales. Sin embargo, hay que mencionar también la importancia de realizar una labor previa de formación y concienciación para que el sistema (cualquier sistema electrónico) sea asimilado por la población.

Además, el blockchain facilita la identidad digital. Actualmente, la información de cada ciudadano está replicada en multitud de sitios y en distintas administraciones públicas coexisten datos no actualizados del mismo individuo, lo que ocasiona numerosos problemas.

Pasos a seguir

Para conseguir unas elecciones soportadas con la tecnología blockchain se tendrían que llevar a cabo unos pasos. En primer lugar, la implementación por parte de la autoridad electoral de una cadena de bloques acorde a las necesidades de la elección.

En segundo lugar, la creación de un token que refleje el voto dentro de la cadena de bloques. Este token y acceso al sistema de votación debe estar asociado a un certificado electrónico expedido por un prestador de servicios de confianza. Otra cuestión diferente es que para evitar barreras tecnológicas o para una mejor usabilidad por parte de los ciudadanos se pudiese regular en un futuro, incluso, una identidad con fines únicamente electorales o la identificación del votante por medios biométricos (reconocimiento facial, huella dactilar, etc.). No obstante, estos sistemas de identificación siempre deberán contar, en principio, con la autorización y/o intermediación de la Administración General del Estado, de conformidad con lo dispuesto en el reciente Real Decreto-ley 14/2019, de 31 de octubre.

Desde el punto de vista del ciudadano, el proceso comenzaría con su registro en una plataforma creada al efecto y finalizaría con la emisión del voto en el tiempo establecido para ello. Al emitir el voto, éste queda registrado y es inmutable. La tecnología blockchain permitirá conservar la “papeleta” electrónica de voto para potenciales reclamaciones.

Por supuesto, los mecanismos de implantación de un sistema como este deben operar de forma progresiva para no caer en el fracaso y es poco probable que sea inmediato o que el sistema tradicional desaparezca totalmente porque siempre existen personas con resistencia al cambio que no pueden ser excluidas del derecho de sufragio.

Casi es una realidad

Hay países que están dando pasos para que el voto electrónico blockchain sea una realidad. Suiza, por ejemplo, pretende que dos tercios de los cantones adopten esta forma de votación antes de finalizar el presente año. De hecho, ya se ha hecho pruebas en ciudades como Zug.

También Japón pretende usar esta tecnología para sus elecciones. Dicho sistema ya fue probado en la ciudad de Tsukuba, conocida por ser un importante centro de investigación del país. Igualmente, desde el Centro Nacional de Tecnología Electrónica e Informática (NECTEC) de Tailandia había desarrollado tecnología de cadenas de bloques para el voto electrónico. En Estados Unidos, las autoridades de Virginia Occidental utilizaron este sistema para que en las elecciones legislativas de 2018 pudiesen votar, a través de una aplicación móvil, los soldados que se encontraban de servicio en el extranjero. Por último, en Rusia, en las elecciones a la Duma municipal de Moscú celebradas el pasado mes de septiembre se llevó a cabo una prueba piloto para la votación en tres de las circunscripciones electorales.

 

Por fin empezamos a ver casos de uso real del Blockchain aplicado a multitud de sectores como la industria, la educación o la energía y, como no podía ser menos, el sector público también se ha dado cuenta de las potencialidades de esta tecnología y se encuentra en pleno desarrollo de un nuevo modelo de Administración Pública, cuyo objetivo es apoyar a ciudadanos 4.0 implicados en esa transformación digital. En este sentido, la cadena de bloques ofrece un gran número de ventajas, como la seguridad de los datos de millones de personas y la inviolabilidad de sus propias bases de datos.

Y no sólo eso, hablar de Blockchain es hablar de transparencia, de manera que se convierte en un aliado perfecto para llevar a cabo procesos electorales telemáticos, una iniciativa que ya está dando sus primeros pasos en Colombia. El voto electrónico con Blockchain puede solventar dificultades de transparencia y privacidad, garantizando que solo se emite una vez y que el recuento es escrupulosamente correcto.

La reducción del fraude o de la corrupción se pueden hacer efectivas a través de esa transparencia, mejorando el intercambio de datos entre el Gobierno y los ciudadanos y pudiendo automatizar procesos con la creación de contratos inteligentes para multitud de gestiones como los registros, certificados digitales agilizando trámites y quitando intermediarios para conseguir una mejor administración electrónica. De esta manera, habrá procesos optimizados, con mayor seguridad y flexibilidad y menores tiempos en las tramitaciones.

La aplicación del blockchain en este campo es muy amplia: se puede implementar para la gestión de identidades, transacciones financieras, carpeta ciudadana, registros de propiedades, patentes y otros derechos de propiedad intelectual. Del mismo modo, mejora los procesos de licitación y concursos públicos, dado que el acceso a datos más completos y confiables supone que empresas municipales y entidades públicas tengan una mejor toma de decisiones a todos los niveles.

Identidad Auto-Soberana

El control y autenticación electrónica de identidades es una de las grandes ventajas del Blockchain y puede ser especialmente útil cuando de la administración pública se trata: en sanidad, justicia o educación principalmente. En este sentido, las posibilidades que otorga el blockchain para la gestión pública de los datos son infinitos ¿Os imagináis que, a través de una identidad digital, cada uno pudiera tener acceso a sus datos de la seguridad social, su vida laboral, títulos académicos, datos biométricos, registros de la propiedad, etc? En definitiva, contar con una carpeta ciudadana o eadministración, a través de la cual puedo acceder a todos mis datos y realizar gestiones y transacciones sería, no sólo útil, sino también ágil, evitando la tan odiada burocracia.

Es así como llegamos al concepto de identidad auto-soberana. El emprendedor y tecnólogo Christopher Allen, ya definió en 2016 las características de esta identidad, destacando tres rasgos principales: acceso y control de los datos por parte del usuario y portabilidad. La posibilidad de decidir, por parte del individuo, qué información expone, lo que entra en contraposición total con las redes sociales y el total dominio que tienen de nuestra información. La fuga de datos que tuvo el año pasado Facebook puso este tema sobre la mesa. Sin embargo, con una identidad auto-soberana, las personas tendrán control total sobre sus datos, con quién los comparten y cuándo.

En definitiva, el blockchain puede otorgar la transparencia y la trazabilidad necesarias para que la transferencia de información entre el Gobierno, los individuos y las empresas sea ágil y, sobre todo, segura.