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Por Marta Gutiérrez, CEO de SigneBlock

Si quedaba algún escéptico sobre la realidad de la emergencia climática, todos los datos que esta cumbre del clima nos está dejando debieran ser más que suficientes para convertir a cualquier descreído en la materia. Y no es para menos. 30 años es todo lo que nos queda para ser capaces de seguir reconociendo el planeta que habitamos si no hacemos algo al respecto de inmediato. ¡Y tiene mérito! 50 años nos han bastado para liarla parda.

Y es que las prioridades cambian drásticamente. Personalmente, he dejado aparcada la preocupación por la jubilación que nunca llegará en 2050, y me he centrado más en cómo remediar el fatal desenlace, así como en colaborar para que mi hija y toda su generación puedan tener un futuro, a secas. Porque de lo contrario, ¿de qué va a servir todo el esfuerzo? Y, por descontado, es imprescindible que de la cumbre resulten pactos y acciones inmediatas. Quiero pensar que así sea.

Pero volviendo a las noticias de estos días, es interesante lo asentado que tenemos las cifras medias y promedios que, en un mundo globalizado, se nos han quedado obsoletas. Me da igual que hablemos de personas u organizaciones, públicas o privadas: ni todos cuidamos de la misma forma el medio ambiente, ni todos emitimos la misma cantidad de CO2 a la atmósfera. Y, por supuesto, que no se nos olvide, la oferta es resultado de la demanda. En cada cadena de suministro, todos los involucrados emiten CO2, pero ni todos lo hacen en la misma proporción, ni todos lo compensan de la misma forma. Por tanto, no es igual la producción en plantas sostenibles con huellas nulas de cualquier tipo, que en las que no lo son. No es lo mismo el consumo de proximidad con una huella de C02 logística casi nula, que cruzar el planeta por tierra, mar y aire para que la salsa de soja, o la sal de Himalaya, o cualquier otro producto exótico que se nos ocurra, termine en nuestras cocinas. Podríamos pensar también en algunas industrias, cuyos productos ni son exóticos, ni con una huella productiva baja de CO2 y también cruzan medio mundo para llegar hasta nuestras casas. Y, por descontado, tenemos el plástico: bajar al súper y encontrar un producto preparado por el establecimiento, envasado al vacío en plástico, colocado en bandeja plástica y retractilado en plástico, es un clásico. A partir de ahí, da igual si el animal había sido criado en condiciones sostenibles o si la granja es del entorno. De repente, un solo miembro de la cadena tira por la borda el esfuerzo de todos los demás y emite él sólo más CO2 que todos juntos. “Política de empresa” te dirán los empleados si preguntas por la bolsita de papel en la frutería en lugar de por la de plástico para guardar los tomates ecológicos que pretendes comprar.

El reto de la Cuarta Revolución Industrial

Por tanto, sí, hay que regular todos los sectores y hay que ser estrictos y rigurosos en su cumplimiento. Es imprescindible identificar el incumplimiento porque nos afecta a todos. Y casi no queda partido, estamos en el tiempo de descuento. Éste es el reto más importante de la Cuarta Revolución Industrial. No puede tener cabida un producto o servicio si no es sostenible a lo largo de todo su ciclo de vida, no sólo desde el productor, hasta el consumidor final, sino en todas las etapas de una auténtica economía circular. Debemos tener procesos sostenibles y eficientes para huellas nulas de emisiones; en las plantas de producción en relación con la cadena de suministro para su propio abastecimiento; para la cadena de suministro del producto; en la cadena logística para la gestión de los residuos resultante de cada proceso; en los propios procesos de gestión de cada residuo; y, si me olvido de mencionar algún otro proceso vinculado, para ese, también.

La contraparte optimista de este planteamiento es que puede hacerse. Hay muchísimas organizaciones que apostaron por la sostenibilidad. Lo importante es identificar y verificar el cumplimiento de cada organización en materia de emisiones. Este proceso es sencillo a partir del uso de tecnologías como Blockchain e IoT, que unidas a otras como IA pueden ayudar, no sólo a tener una absoluta trazabilidad y veracidad de la información al respecto de parámetros tan relevantes como el consumo de agua o las emisiones de CO2 en cada etapa de los procesos productivos que componen la cadena, sino también para desarrollar procesos cada vez más eficientes.  ¿Conformarnos con frenar el cambio climático? Ese reto debería ser nuestro objetivo en los próximos 5 años y revertirlo, el objetivo final. Transformarse o morir, no hay alternativa al respecto. La 4ª Revolución Industrial es un gran reto que conlleva también grandes oportunidades. En materia de emisiones, no hay alternativa. En sostenibilidad, tampoco. Lo que no se demanda, no se produce: tenlo en cuenta como consumidor. ¿Quieres evidencias? Demándalas. Como miembro de la cadena, ¿quieres demostrar que eres sostenible frente a los que dicen hacer lo mismo de una forma más contaminante? Hazlo. Nuestro futuro y el de nuestros hijos depende de nosotros mismos.

La economía circular utiliza los recursos naturales de la manera más eficaz posible, manteniéndolos en circulación por medio de su reutilización y alargando la vida de los productos. Pero, para el reaprovechamiento del producto en todo su ciclo de vida es fundamental la transparencia en las cadenas de suministro: desde el origen hasta la distribución y, por supuesto, el reciclaje y eliminación del mismo. Por supuesto, en esa transparencia, la tecnología Blockchain tiene un papel protagonista. El objetivo es luchar contra el cambio climático en pos de un mayor desarrollo sostenible y de cumplir con la nueva regulación que va a poner en marcha la Unión Europea.

Gracias a esta red de registros distribuídos, las manufactureras, los distribuidores y la industria del reciclaje podrán compartir datos al mismo tiempo que controlan lo que comparten, generando auditorías que aseguran que se cumplen todos los estándares. La trazabilidad que ya hemos implementado en procesos de control integrado, también se puede aplicar en este ámbito, sentando las bases para una producción más sostenible, evidenciando el cumplimiento de la normativa por parte de las compañías. Con Blockchain se puede monitorizar no sólo la ubicación de las materias primas y también de los residuos.

Como ya adelantábamos hace unos meses, esta tecnología, en combinación con otros habilitadores digitales como IoT, es un aliado importantísmo para la sostenibilidad y protección del medioambiente. Por ejemplo, se puede realizar una importante labor en el sector agrícola, aportando evidencias sobre el origen de los productos, sobre todo en casos en que estos son comercializados como producto ecológico, aportando evidencias sobre el modo de cultivo. Es decir, la cadena de bloques es una forma de verificación, haciendo la información totalmente transparente.

Dentro de la Agenda 2030 sobre el Desarrollo Sostenible que la ONU aprobó en 2015, conformada por 17 objetivos para transformar el mundo, encontramos que combatir el cambio climático es uno de las necesidades fundamentales que afrontar en la próxima década, sin demora, sin aplazamientos. No hay alternativa. Es una necesidad imperiosa. Es por tanto preciso orientar todos y cada uno de los procesos productivos globales hacia la economía circular, donde el reaprovechamiento y el reuso sean la base del sistema. De esta forma el reciclaje y la gestión de residuos ocupan un papel fundamental. Gracias a la implementación de soluciones basadas en tecnología Blockchain es posible implementar sistemas de auditoría inteligente a partir de los registros generados por todos los involucrados en la cadena de suministro inversa. Por tanto, la tecnología de cadena de bloques permitirá evidenciar que tanto corporaciones y gobiernos cumplen sus compromisos medioambientales en cuanto a la gestión del medio ambiente, generando así un sistema de control mediambiental además de reputacional de los participantes.

PARLAMENTO EUROPEO

El pasado mes de marzo, el Pleno del Parlamento Europeo aprobó el informe del eurodiputado catalán Francesc Gambús para el impulso en la implementación y el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, en donde tienen especial relevancia los temas de economía circular, energías renovables, electricidad, el mercado de emisiones europeo, la directiva sobre plásticos desechables o el paquete acerca del aire limpio. Según el eurodiputado, se trata dela semilla de la transformación económica de la Unión. Hemos sembrado la revolución industrial europea del siglo XXI”.

La Unión Europea trabaja en pos de cumplir la aplicación de la Agenda 2030, incluyendo los  objetivos de desarrollo sostenible en las políticas e iniciativas de la UE a todos los niveles, presentando informes periódicos con los avances y concebir una visión más a largo plazo. Es por ello que las corporaciones y gobiernos tendrán que tener más presente que nunca el cumplimiento de los compromisos medioambientales y de los reglamentos, cada vez más estrictos en esta materia.

medioambiente

La firma del acuerdo de París el 12 de diciembre de 2015 supuso un antes y un después para la economía mundial. El objetivo: la reducción de las emisiones de C02, concretamente, un 40% en la Unión Europea. Ya se están adoptando algunas políticas para conseguir avanzar en ese largo camino que se llama eficiencia energética o sostenibilidad y algunos de los medios pasan por los últimos avances tecnológicos. Es ahí donde entra en juego el Blockchain.

Lo cierto es que la tecnología de la cadena de bloques se ganó cierta mala fama al verse relacionada con el mundo del Bitcoin y las criptomonedas (la obtención de monedas requiere de unos niveles de energía muy potentes). No obstante, el Blockchain se está separando de esta concepción inicial, yendo mucho más allá, con utilidades en muchísimos sectores, ayudando a conseguir una mayor seguridad, trazabilidad y transparencia. Los servicios financieros, el sector asegurador o el sanitario son algunos de los más comentados a la hora de encontrar salidas a esta tecnología, pero, ¿por qué no usar todas esas ventajas en otras áreas, en segmentos que ayuden a la sostenibilidad del planeta y al medioambiente? Ya son muchas las organizaciones y gobiernos que están echando mano del Blockchain para luchar contra el cambio climático, la contaminación e, incluso, la deforestación.

En gran parte de los casos, el Blockchain sirve como un organismo de control, es decir, puede fortalecer el monitoreo y la verificación de los impactos de la acción climática. Sin ir más lejos, puede servir para llevar a cabo un registro de la contaminación, de los pesticidas utilizados, de incentivos para la gestión de los residuos o para realizar un seguimiento de los recursos naturales de cada región. Además, la cadena de bloques ayudaría a generar confianza y reducir intermediarios en temas relacionados con el cuidado ambiental, como la fumigación de cultivos, el destino de desechos contaminantes, el procesamiento de la basura, el reciclaje de diversos materiales, etc.

Y no sólo eso. Conocer la calidad del aire de ciertos países o zonas, mejorar la contabilidad de los gases Efecto Invernadero y determinar si los Gobiernos están cumpliendo sus compromisos en materia de reducción de emisiones son algunas de las potencialidades que tiene el Blockchain en esta materia.

 

UN MUNDO MÁS SOSTENIBLE CON TRAZABILIDAD

Además, el Blockchain puede ayudar a otros sectores que, de forma indirecta, también ofrecen ventajas a la hora de cuidar el medioambiente. Y aquí entran, por supuesto, todas las aplicaciones ligadas a potenciar un comercio, consumo y producción sostenible.

En este sentido, puede realizar una importante labor en el sector agrícola, informando sobre si determinados productos están siendo cultivados de forma sostenible y si las empresas están cumpliendo con los compromisos ambientales. Es decir, la cadena de bloques es una forma de verificación, haciendo la información totalmente transparente. Por ejemplo, acceder a la información sobre el origen de determinados productos suele ser una práctica complicada en algunos países en los que los registros se llevan a mano. Tal es el caso del café, el cacao o frutas como el coco. Del mismo modo, el Blockchain puede usarse para verificar que los productos tienen sus correspondientes sellos ambientales.

Esa trazabilidad aplicada al sector agrícola puede llevarse a otros subsegmentos, por ejemplo, el ganadero, conociendo la procedencia de cada animal y cada producto y pudiendo comprobarse, incluso, si ha contribuido o no a la deforestación de ciertos terrenos. Por ejemplo, las principales causas de deforestación en países como Colombia son la ganadería extensiva, los cultivos ilícitos, la minería ilegal y las infraestructuras.

En definitiva, el Blockchain es un gran aliado del medioambiente, ya no sólo para la transparencia y el control sobre determinadas prácticas, sino que se hace fundamental en campos como las energías renovables o limpias, el transporte inteligente o la creación de smart cities. Es decir, no sólo hablamos de medioambiente, sino también de sostenibilidad y, por tanto, de economía ¿Alguien da más?

 

Blockchain cambio climatico