Si la transparencia y confiabilidad son características demandadas en cualquier proyecto, ya tenga carácter empresarial, social o político, cuando se trata de proyectos no lucrativos que persiguen tener un impacto social y cuyo respaldo económico se lleva a cabo de forma altruista, se hacen imprescindible.  Además, la diversidad de actores que participan en este tipo de iniciativas y el rol que desempeñan cada uno de ellos son de índole muy diversa, ya sean sus fuentes de financiación, tales como patrocinadores, mecenas, financiadores y donante pero también voluntarios, medios de comunicación, administraciones públicas, consorcios colaborativos, entidades culturales académicas y de acreditación, equipos de gestión y, por supuesto, los beneficiarios; esto hace que  la información que aportan y demandan, en cada caso,  sea muy diferenciada, haciendo más relevante el rigor con que la misma debe gestionarse.  Además, las iniciativas no lucrativas están sujetas, incluso en proyectos de escasa relevancia mediática, a una gran sensibilidad social ante cualquier indicio de uso inadecuado de los fondos o generación de dudas en el impacto obtenido en los beneficiarios, frecuentemente pertenecientes a colectivos vulnerables y desfavorecidos, a los que se dirigen.

Y esta mayor necesidad de transparencia y rigor que debe acompañar a cualquier iniciativa de carácter no mercantil, choca, paradójicamente con el menor nivel de innovación tecnológica que suele acompañar a las mismas.  Es decir, existe la tendencia a pensar que los proyectos no lucrativos y, sobre todo, aquellos cuyo desarrollo se basa en la aportación de fondos de patrocinadores, donantes y espónsores deben ejecutarse dedicando a la misión final la práctica totalidad de las aportaciones dinerarias recibidas. La realidad es que los proyectos sociales, de preservación del patrimonio artístico, científico o cualquier otro de carácter no lucrativo deben llevarse a cabo bajo los mismos principios de profesionalización, eficiencia y rigor, con la única diferencia de no perseguir un enriquecimiento de quien los promueve sino la sostenibilidad de estos. Los Proyectos no lucrativos sólo se deberían diferenciar de los lucrativos en eso, en la persecución o no de un rendimiento económico, desarrollándose, además con el mismo carácter competitivo, en la mayor parte de las ocasiones, que los proyectos mercantiles, al aspirar a recibir fondos de fuentes comunes a muchas otras iniciativas y tener que aplicar en la relación con las mismas los mismos principios y criterios de buenas prácticas que se establecen en las relaciones con los clientes.

Estamos concienciados sobre la Cuarta Revolución Industrial y la necesidad de desarrollar una Industria Conectada basada en la incorporación de habilitadores digitales, como IoT, blockchain o inteligencia artificial a las cadenas de suministro y la relación digital entre todos los agentes vinculados a las diferentes etapas de todos los procesos de negocio; debe sentirse como una necesidad equivalente avanzar en la digitalización de los proyectos sociales e iniciativas no lucrativas facilitando el establecimiento de relaciones digitales entre todos los agentes vinculados a las mismas pudiendo así referir como Social Impact Chain al conjunto de procesos y relaciones que determinan el diseño, desarrollo y ejecución de cualquier proyecto que persiga un impacto social.   Por supuesto, esto incluye la totalidad de las iniciativas llevadas a cabo desde las ONG, Asociaciones y Fundaciones, pero también todas aquellas promovidas por las áreas de Responsabilidad Social Corporativa de empresas, las que se llevan a cabo desde las áreas sociales de las Administraciones Públicas, los proyectos colaborativos entre entidades y particulares que persiguen la creación y difusión de conocimiento, la protección y difusión del patrimonio artístico y cultural, la sensibilización y protección medioambiental, la elaboración de estándares de buenas prácticas o las promovidas por consorcios para el desarrollo social y tecnológico.

La digitalización de la Social Impact Chain se basa en el uso de tecnologías como Blockchain e IoT, que unidas a otras como IA pueden ayudar, no sólo a tener una absoluta trazabilidad y veracidad de la información sino también para desarrollar procesos cada vez más eficientes, maximizando el impacto en los colectivos beneficiarios, y fiables, proporcionando total accesibilidad a la información por actores internos y externos, como medios de comunicación, administraciones públicas y entidades de acreditación.

Y debemos ir más allá; debemos ser estrictos y rigurosos no solo en garantizar la transparencia y rigor en todas las transacciones en todas las etapas a lo largo de todo su ciclo de vida, sino asegurándonos también que operamos para maximizar su sostenibilidad y potenciar el desarrollo de una autentica economía circular.

La digitalización es un gran reto que afecta no sólo al mundo industrial o mercantil sino a todos los ámbitos de la actividad humana y que conlleva también grandes oportunidades para todas las entidades que desarrollan proyectos de impacto social.

0 comentarios

Dejar un comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Siéntete libre de contribuir

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *